Detrás de los muebles, al no tener ventilación, se pueden esconder focos de humedad que no son visibles, los tejidos de los sofás también son propensos a captar la humedad del ambiente. Una buena ventilación y tener la humedad controlada es la mejor solución. En invierno, la calefacción aumenta el contraste entre la temperatura interior y la exterior, lo que provoca condensación. Los nuevos materiales de construcción, cada vez más aislantes, provoca que la vivienda no "respire" aumentando de una manera considerable la humedad.
El uso continuado de un antihumedad de tamaño medio/grande ayuda a combatir todos estos problemas.